En su libro El mundo de las mujeres (2006), el sociólogo francés Alain Touraine expone las conclusiones de un trabajo de investigación basado en entrevistas a 60 mujeres representativas de nuestra sociedad actual. Touraine estudia las reflexiones y los comportamientos de las mujeres en la era postfeminista. Me ha parecido interesante recoger algunas de sus ideas clave para comprender mejor los cambios que las mujeres están experimentando en el proceso de liberación.
La lucha feminista ha comportado, entre otras cosas, un cambio cultural profundo que está revelando a las mujeres como agentes sociales activos y con voluntad de ser los sujetos de su propia existencia. A diferencia de las primeras fases del feminismo, en nuestros días, las mujeres se identifican especialmente como mujeres con voluntad de ser y no tanto como víctimas. La cuestión principal que les preocupa es el deber y el esfuerzo de ser lo que ellas entienden como mujer. No manifiestan especial inquietud por la adhesión a una idea terminada o a un movimiento feminista concreto. Su principal objetivo es la construcción de sí mismas como sujetos libres.
Ser mujer hoy es una manera de dar prioridad a la relación consigo misma respecto a la relación con el otro, es decir, con el hombre. No se trata de ir en contra de los hombres, sino de ciertas formas de relación entre hombres y mujeres. Ser mujer hoy tampoco consiste en defender la “feminidad”, entendida como un conjunto de comportamientos supuestamente propios de las mujeres. La idea de una personalidad y conducta puramente femeninas nada tiene que ver con las mujeres del postfeminismo. Éstas desean prioritariamente conseguir una relación creativa consigo mismas y convertirse en agentes activas de sus vidas y decisiones.
Esto supone una importante transformación. Si bien las mujeres han estado sometidas tradicionalmente a deseos, reglas y funciones impuestas por otros, ahora están más preparadas que nunca para responder a sus propias exigencias internas y personales. Se trata de una conquista interior, subjetiva e íntima. Son plenamente consientes de ser agentes morales, libres y responsables. Están dejando de considerarse a sí mismas como objetos dotados de una identidad que le viene de fuera, para pasar a ser sujetos libres, eligiendo por sí mismas, definiéndose ellas mismas, evaluándose en relación consigo mismas.
Es posible que en este proceso, el movimiento de liberación de las mujeres haya perdido gran parte de su expresión política en forma de lucha revolucionaria pero, en cambio, esta conquista de la subjetividad está presente en la mayoría de las mujeres, independientemente de sus edades y procedencias sociales. Esta conquista representa una profunda y sutil transformación de nuestra sociedad.
Las mujeres de hoy, herederas de las que lucharon por los derechos de la mujer, sienten que ellas, y no los hombres, están creando una manera de vivir distinta. El hecho de que hayan sido marginadas del poder y la riqueza es vivido por las mujeres, no sólo como una injusticia, sino como el signo de su entrada, antes que los hombres, en un nuevo mundo donde las experiencias de la vida privada son tan o más importantes que las de la vida económica o administrativa.
Hoy las mujeres no pretenden construir una sociedad de mujeres, supuestamente más dulce y cariñosa que una sociedad de hombres, quizás más conquistadora y voluntarista. No, las mujeres pretenden crear a partir de sí mismas un nuevo tipo de cultura, para ser vivida por todos, hombres y mujeres.
El mundo de las mujeres es un conjunto coherente de representaciones y prácticas distintas del de los hombres, no porque las mujeres posean atributos de los que los hombres carezcan, ni porque ellas se salven de los defectos de ellos, sino porque su mundo está orientado hacia la creación de sí. Mientras que los hombres han conquistado el mundo al precio de una escisión que los ha afectado a ellos y a todo lo que les rodeaba, las mujeres intentan orientarse hacia el ser que actúa y no tanto hacia el mundo sobre el cual actúa.
En el caso de las mujeres, la conquista del mundo se transforma en autorrealización. La identidad que las mujeres buscan está basada en la capacidad de pensar, de actuar, de esperar y sufrir por ellas mismas. En este sentido, es importante subrayar que las mujeres hablan mucho menos de hombres de lo que suponíamos y cada vez se definen menos en relación con ellos, e insisten cada vez más en la necesidad de espacios y momentos no mixtos.
La mayoría de las mujeres postfeministas defiende posiciones “progresistas” y critican la desigualdad que sufren las mujeres pero, al mismo tiempo, reivindica su derecho a la diferencia. Por una parte, se sienten dominadas por una “estructura” social y por las relaciones de poder, normas, deberes e intereses y, por otra, desean definirse en relación consigo mismas y luchan por salvar la conciencia de sí. En este doble esfuerzo se produce un giro destacable. Las mujeres han pasado de una conciencia de sí mismas como objetos, a una conciencia de sujetos, y sus objetivos no son ahora exclusivamente negativos, no se limitan a acabar con una dominación, sino que son positivos y se basan en la construcción de sí mismas. El cambio de perspectiva es considerable. Otra de las características de este proceso de construcción personal de las mujeres postfeministas es la ausencia de confrontación beligerante, la moderación y el carácter pacífico y no revolucionario de dicho proceso, lo cual no debe ocultar su radicalidad y su importancia.
La mujer-sujeto no es una diosa o una estatua sino un ser humano que gestiona (con dificultades) la relación entre sus roles sociales, de los que no puede desprenderse, su experiencia biológica inseparable de la relación con los hijos, sus relaciones con el ser amado y, por último, su relación consigo misma, que es el núcleo de la construcción personal. Este nuevo modelo, tranquilo y profundo, de las mujeres postfeministas, de centrarse en el sujeto y en la subjetivación, da lugar a un nuevo modelo general de acción colectiva que se puede encontrar en diversos sectores de la vida política y social. Un cambio de perspectiva importante.
Mientras que las tendencias de la cultura contemporánea, tal como ha planteado Zygmunt Bauman, disuelven al individuo en un mundo “líquido”, un mundo en el que el sujeto tiende a desaparecer, las mujeres se empeñan en una construcción personal que resista activamente cualquier forma de fragmentación y disolución de la personalidad. “Yo soy mujer e intento construirme a mí misma”, difícil reto en el actual contexto.
Fuente: El mundo de las mujeres, de Alain Touraine.
Ilustración: Wally, de Egon Schiele (1890-1918)
Fuente: El mundo de las mujeres, de Alain Touraine.
Ilustración: Wally, de Egon Schiele (1890-1918)






