La historia siempre resulta interesante y asistir a una lección magistral de Peter Burke es la evidencia. Burke es uno de los historiadores culturales más destacados del mundo anglosajón y ayer impartió en Barcelona una sugerente conferencia titulada "El saber".
Los cambios del presente están animando a los historiadores a mirar de forma diferente lo que acontece, muchos están entregados a la denominada "historia social del conocimiento", una nueva disciplina que se ocupa de la divulgación y consumo del conocimiento disponible en cada momento histórico.
La
historia social del conocimiento se desarrolla sobre la base de dos fuerzas antagónicas: aquella que
desea difundir el saber y avanzar hacia el conocimiento común, y
aquella que restringe el acceso al saber para reducirlo a conocimiento privado.
El
desarrollo histórico de este proceso se inicia con Gutenberg y se
prolonga hasta nuestros días con Google. La imprenta fue el primer
instrumento al servicio de la expansión del conocimiento. No fue fácil. Hubo
que salvar no pocas dificultades generadas por el saber dominante del momento,
gobiernos, iglesia y universidades.
En
el siglo XVIII las enciclopedias
sustituyeron el latín por las lenguas vernáculas y empezaron a incorporar
conocimientos prácticos de diferentes oficios, con llamativas ilustraciones que llegaban
fácilmente al gran público. Hasta entonces sólo incluían conocimientos
reservados a un público muy restringido. Los gremios profesiones y los artesanos
pronto entendieron que la difusión del conocimiento contribuía decididamente a
la mejora de la economía y el bienestar.
En
el siglo XIX el saber común se
materializó en instituciones públicas y en enciclopedias populares. A
principios de siglo la invención de la prensa y las innovaciones en la
fabricación del papel abarataron la impresión de diarios. La política y las
primeras democracias parlamentarias llegaron a depender de esta nueva
invención. Por su parte la alfabetización se encontraba en pleno proceso de
expansión.
En
el siglo XX tres revoluciones
tecnológicas cambiaron el panorama: la radio, la televisión e Internet. Cada
una de ellas ha contribuido a su manera a cumplir poco a poco el sueño de un
saber común. Otra circunstancia favorable en este proceso fue la asunción de una lengua común,
el inglés. El conocimiento común requiere una lengua común necesariamente.
Todas
estas condiciones han facilitado el avance de la democratización
del saber. Las universidades abiertas y a distancia también están contribuyendo.
La formación en línea ha fomentado la aparición de un nuevo fenómeno llamado “ciencia ciudadana”. Se trata de un
intento de aprovechar el entusiasmo de los aficionados a las disciplinas
científicas para que colaboren desinteresadamente en la recopilación de datos empíricos
a través de Internet.
En
cuanto a las enciclopedias actuales hay que decir que han quedado totalmente obsoletas.
El nuevo proyecto es la Wikipedia, la
enciclopedia libre. Los libros electrónicos están contribuyendo también a
transformar la investigación, especialmente en el campo de las humanidades. No todos estos proyectos tienen afán de lucro. Muchos autores están cediendo voluntariamente sus derechos de autor, contribuyendo de esta esta forma a la democratización
del conocimiento.
En
el ámbito político prima la transparencia
y el acceso libre a la
información. Esta tendencia no ha venido de la mano de los gobiernos sino de periodistas,
colectivos profesionales y ciudadanos. Por otra parte, en los últimos años ha
empezado a extenderse la divulgación de secretos. La idea de que los secretos deben ser públicos empieza a
consolidarse. De esta forma, poco a poco, el saber es cada vez más común y
menos privado.
Sin embargo no hay que caer en el triunfalismo, la fuerza contraria a la difusión del saber sigue viva. En la actualidad existen tres factores que amenazan el proceso
de democratización del saber: la especialización intelectual, la censura
gubernamental y la propiedad del conocimiento.
Especialización intelectual. Hoy en día sabemos más que nunca,
pero es difícil tener una visión en común. El saber humanístico y
el científico se distancian progresivamente, aumentan los especialistas y, a su
vez, las dificultades para comunicar y compartir conocimiento. Vivimos en una época de explosión informativa pero también de fragmentación
del saber.
Censura gubernamental. La segunda amenaza proviene de los
diferentes regímenes políticos. Todos los gobiernos tienden en mayor o menor
medida a la censura y a la restricción del saber. Generalmente se muestran
reacios a la difusión de la información y algunos de ellos utilizan métodos poco democráticos para
conseguir sus fines.
Propiedad del conocimiento. La tercera amenaza del saber común
proviene de la tendencia a la privatización del conocimiento. Las grandes empresas
multinacionales privatizan el saber mediante el uso de patentes y derechos de
autor. En la actualidad algunas de ellas intentan patentar el uso de determinadas
plantas medicinales, especies vegetales y animales a través de una práctica
denominada “biopiratería”.
¿Qué hacer ante tal situación? Burke
considera que las dos fuerzas que mueven la historia social del conocimiento no
representan el bien y el mal, esto sería un reduccionismo innecesario e insuficiente.
¿Qué ocurriría si todos los saberes fueran comunes? Para Burke el
secretismo cumple ciertas funciones en el campo de la política, la
diplomacia y la privacidad personal, una conquista social que bien merece
ser respetada. Burke concluyó su conferencia compartiendo con los asistentes preguntas e incógnitas propias nuestro tiempo. Fue el mejor final posible.
Enlaces:
En comú. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.
La gente sabe más sobre menos cosas, Peter Burke
Estem més a prop que mai de l'ideal de coneixement comú, Peter Burke
Vídeo de la conferencia "El saber".