14 de febrero de 2013

Reformar la Justicia, combatir la corrupción



La capacidad de la Justicia de perseguir y sancionar las conductas delictivas es un instrumento fundamental en la lucha contra la corrupción. Tenemos por delante un largo camino si queremos que  la Justicia cumpla este propósito. Cuatro son los objetivos básicos que debiéramos atender: 1. Creación de equipos especializados. 2. Despolitización. 3. Dotación de recursos. 4. Ajustes legislativos.

Equipos especializados. El PSOE ha propuesto esta semana la creación de una Oficina Anticorrupción compuesta por inspectores especializados de máximo nivel. Ésta u otra fórmula similar pueden llenar el vacío actual de equipos especializados en materia de lucha  contra la corrupción. La Audiencia Nacional, mucho más liberada ahora de sus competencias habituales debido al final de terrorismo, puede asumir esta especialización. Sea cual sea la fórmula, el nuevo organismo debe disponer de recursos y personal suficiente para atender funciones diversas: establecimiento de un plan de acción contra la corrupción, promoción de la ética en la función pública, desarrollo de mecanismos de prevención y coordinación  con otros organismos, etc.

El mayor riesgo de la creación de un órgano de estas características es la politización de su composición y tareas. Si se convierte en un instrumento en manos de uno u otro partido, acabará siendo un lastre, costoso e inoperante. Por tanto, antes de ponerlo en marcha, conviene que los partidos se comprometan firmemente en evitar cualquier intromisión política.

Despolitización. Resulta igualmente indispensable reforzar la independencia de los órganos en funcionamiento, por ejemplo, la Agencia Tributaria y el Consejo General del Poder Judicial. Éste último es el órgano rector de los jueces pero no es elegido por los jueces sino por la intervención directa de dos asociaciones de magistrados vinculadas a los partidos mayoritarios.

Por otra parte, se ha hablado mucho estos días del alto grado de politización de otro órgano en activo, el Tribunal de Cuentas. Su nombre es engañoso porque no se trata de un juzgado que dependa del Poder Judicial, sino de un órgano que tiene como misión fundamental el control  económico de las Administraciones y de los partidos. Este Tribunal no cumple su misión con diligencia debido, en parte, al control que los partidos ejercen sobre él. Sus consejeros se nombran directamente por el Congreso y el Senado,  y dependen de las cuotas de poder de los dos grandes partidos.
                                             
El Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo han denunciado esta intromisión en reiteradas ocasiones. Éste último  ha reclamado, recientemente en varias sentencias, la dotación de más funcionarios de carrera que accedan por oposiciones, en contraposición a los habituales nombramientos recomendados por los partidos.

Dotación de recursos. A pesar de ser un organismo clave para el buen funcionamiento del sistema democrático, el Tribunal de Cuentas tampoco dispone de los medios necesarios para realizar su tarea. Los informes sobre las cuentas de los partidos políticos se emiten con una media de cinco años de retraso.

El problema de la falta de recursos económicos es otra grave deficiencia de nuestro sistema judicial y genera percepción de impunidad e inéditas huelgas de jueces... Un Plan de Acción contra la Corrupción debe estar dotado de recursos humanos y materiales suficientes para su implantación. La actual situación económica del país dificulta esta necesidad, pero corresponde hacer un especial esfuerzo por tratarse de un problema de máxima prioridad. Debe incrementarse los recursos o como mínimo mantener los actuales, sin recurrir a ningún tipo de recortes.

Ajustes legislativos. Por último, cabe destacar la necesidad de solventar ciertas deficiencias legislativas. Destaca, por su trascendencia, la eliminación de la prescripción de los delitos de corrupción, en especial de aquellos que causan mayores perjuicios económicos y afectación moral. Muchos  de estos delitos acaban sin juicio porque prescriben debido a la saturación de la Justicia. La persona que comete un delito de corrupción debe saber que no hay tiempo que pueda disculpar su conducta. Esta medida sería un buen mecanismo disuasorio y requiere la modificación del Código Penal y otras leyes orgánicas.

Las leyes actuales deben ser también revisadas para incluir las siguientes modificaciones:

  • Especificar de forma más clara la responsabilidad criminal del delito de corrupción política y generar el concepto de “daño social”, entendido como la afectación y la pérdida del bienestar social que ocasiona un acto de corrupción
  • Incluir nuevas modalidades de corrupción, por ejemplo, los delitos cometidos contra la Administración (gestión desleal de los asuntos públicos, abuso de funciones, conocimiento, intención y propósito como elemento de delito, etc.).
  • Neutralizar los recursos que usan premeditadamente los corruptos para burlar y sortear la ley y los plazos de prescripciones.
  • Adecuar la legislación nacional a las convenciones internacionales vigentes en materia de lucha contra la corrupción
  • Resaltar la responsabilidad que tienen los bancos y las entidades financieras en la detención y denuncia de operaciones sospechosas. Este es un primer  filtro de control en el que hay que insistir.
  • Limitar los mecanismos actuales de “huida del Derecho administrativo” que utilizan algunas administraciones para buscar un régimen legal más flexible de gestión. Por ejemplo, la creación de empresas públicas.
  • En aquellos casos en los que resulta evidente que ha habido un enriquecimiento rápido e injustificado de patrimonio, se debería permitir la “inversión de la carga de la prueba”, es decir, que sean los sujetos quienes demuestren el origen y la justificación de su enriquecimiento.
  • Garantizar que las entidades o personas perjudicadas por un delito de corrupción pueden iniciar acciones legales contra los responsables y obtener la debida indemnización.
  • Los juicios por corrupción política deberían tener cierta preferencia. Esperar años para obtener una sentencia representa un gran inconveniente que afecta a buena parte del sistema político y social.
  • Incorporación de los jurados populares para hacer partícipes a los ciudadanos en la Administración de Justicia en asuntos relacionados con la corrupción política,
  • No permitir que los condenados por sentencia firme obtengan beneficios penitenciarios si no han devuelto al Tesoro Público las cantidades defraudadas.
  • Endurecer la Ley para el Ejercicio de la Gracia de Indulto, en virtud de la cual los gobiernos indultan a condenados por corrupción política según su posicionamiento ideológico u otros condicionantes.
  • Identificar aquellas prácticas nocivas que se han extendido en la sociedad y no constituyen delitos penales (algunas de ellas pueden ser perfectamente legales), pero que acaban generando un alto grado de permisibilidad. Son conductas de corrupción de baja intensidad que resultan muy dañinas porque fomentan la banalización.

Todas estas mejoras legislativas deben ser incorporadas al actual marco jurídico evitando, en lo posible, los inconvenientes de la sobreregulación, la rigidez y los formalismos de los procedimientos. Todo un reto.

Ilustración: Aleksei Bedny

12 de febrero de 2013

Urge, Plan de Acción contra la Corrupción



La mayoría de los españoles considera que los políticos no actúan de forma honrada y la valoración que hacen de sus actuaciones es demoledora. La percepción del  alto índice de corrupción en la vida pública española es masiva.

Tres estudios demoscópicos recientes lo demuestran. En primer lugar, el Barómetro del CIS, según el cual, los políticos son considerados el tercer problema del país y la corrupción, el cuarto. En segundo lugar, el índice de percepción de Transparencia Internacional (2012). Según dicho índice, España se encuentra en el puesto 13º de la UE de Estados corruptos y en el 30ª del mundo, por detrás de países como Alemania (13º), Francia (22º), aunque en mejor posición respecto a Italia (72º) y Grecia (94º). En tercer lugar, el Eurobarómetro (2012), según el cual el 88% de los españoles considera que la corrupción es masiva en la vida pública.

Un 70% la población considera que hemos llegado a esta situación debido a una profunda crisis de valores cívicos y morales. Predomina el deseo de enriquecerse y la forma de conseguirlo resulta indiferente. Esta deriva está desmoralizando a la sociedad española, que exige en su mayoría (90%) la adopción inmediata de soluciones para evitar que nuestra credibilidad en el mundo quede dañada irremediablemente en el peor momento de nuestra economía. 

La corrupción amenaza también la estabilidad social, la autoridad de la ley y las instituciones públicas; la ética, la justicia y el bienestar; aleja a los ciudadanos de la política y los acerca a la frustración, la indignación y la desconfianza.

El puñado de políticos corruptos que ha llevado al país a esta grave situación es una minoría, frente a aquellos que ejercen sus funciones con responsabilidad y ejemplaridad. Luchar contra la corrupción urge para evitar la demonización de la clase política y del sistema democrático.

La responsabilidad de definir y aplicar las políticas anticorrupción corresponde a las instituciones públicas y a los partidos políticos. A ellos debemos exigir voluntad y compromiso firme. Pero la prevención y la erradicación de la corrupción requieren necesariamente el apoyo, la cooperación y la participación de toda la sociedad civil.

La oportunidad del momento que vivimos radica en el debate público que se está produciendo en los medios de comunicación. Cada día surgen interesantes aportaciones de ciudadanos, expertos, entidades, instituciones, profesionales, académicos... La próxima semana tendrá lugar el Debate del Estado de la Nación, una excelente oportunidad para que los partidos parlamentarios demuestren su interés real por la política anticorrupción. Se equivocarán aquellos que enfoquen el Debate desde el “Tú eres más (corrupto)” o el “Yo propongo más (medidas)”.

Atendiendo a la madurez de la sociedad española, deberían proponer una metodología para la elaboración de un Plan de Acción contra la Corrupción, contando con la participación de todos los sectores sociales con capacidad y voluntad de sumar. El Plan no debería contener únicamente medidas sino, sobre todo, procesos de mejora continua, instrumentos y estructuras que contribuyan a la creación de una nueva cultura de la integridad y la gobernabilidad. Podría también ser necesaria la aprobación de una Ley contra la Corrupción que aporte solidez a un proceso que, sin duda, requerirá años y esfuerzos por parte de todos.

Con el ánimo de contribuir en el actual debate público, aportaremos desde aquí algunas reflexiones sobre una posible política estratégica contra la corrupción en diferentes ámbitos: 1) Justicia, 2) Vigilancia, 3) Fraude, 4) Cooperación, 5) Transparencia, 6) Partidos, 7) Elecciones, 8) Ejemplaridad.


Ilustración: Monumento Corrupción, de Wakal.

8 de febrero de 2013

Cosas sólidas y duraderas

Las cosas sólidas y duraderas son aquellas que se alojan profundamente en nuestro cerebro, es decir, aquellas que son emotivas, agradables y divertidas.

David Brooks

31 de enero de 2013

La democracia parte del principio de que todos los miembros de la comunidad política deben ser tratados -bajo La Constitución- como si todos estuvieran igualmente cualificados para participar en el proceso de toma de decisiones públicas.

Robert A. Dahl

29 de enero de 2013

Aproximación a la complejidad























Mi objetivo como escritor es hacer lo más posible a la vez. La vida misma es tan cacofónica y compleja. No es que quiera crear una cacofonía, pero quiero hacer justicia a la complejidad que nos rodea. No quiero simplificar demasiado. Quiero tomar una cosa y construir a partir de eso, y luego seguir construyendo hasta comenzar a aproximarme a la complejidad del mundo y nuestra percepción de ella.

Jennifer Egan.

Democratización del saber, de Gutenberg a Google


La historia siempre resulta interesante y asistir a una lección magistral de Peter Burke es la evidencia. Burke es uno de los historiadores culturales más destacados del mundo anglosajón y ayer impartió en Barcelona una sugerente conferencia titulada "El saber".

Los cambios del presente están animando a los historiadores a mirar de forma diferente lo que acontece, muchos están entregados a la denominada "historia social del conocimiento", una nueva disciplina que se ocupa de la divulgación y consumo del conocimiento disponible en cada momento histórico.

La historia social del conocimiento se desarrolla sobre la base de dos fuerzas antagónicas: aquella que desea difundir el saber y avanzar hacia el conocimiento común, y aquella que restringe el acceso al saber para reducirlo a conocimiento privado.

El desarrollo histórico de este proceso se inicia con Gutenberg y se prolonga hasta nuestros días con Google. La imprenta fue el primer instrumento al servicio de la expansión del conocimiento. No fue fácil. Hubo que salvar no pocas dificultades generadas por el saber dominante del momento, gobiernos, iglesia y universidades.

En el siglo XVIII las enciclopedias sustituyeron el latín por las lenguas vernáculas y empezaron a incorporar conocimientos prácticos de diferentes oficios, con llamativas ilustraciones que llegaban fácilmente al gran público. Hasta entonces sólo incluían conocimientos reservados a un público muy restringido. Los gremios profesiones y los artesanos pronto entendieron que la difusión del conocimiento contribuía decididamente a la mejora de la economía y el bienestar.

En el siglo XIX el saber común se materializó en instituciones públicas y en enciclopedias populares. A principios de siglo la invención de la prensa y las innovaciones en la fabricación del papel abarataron la impresión de diarios. La política y las primeras democracias parlamentarias llegaron a depender de esta nueva invención. Por su parte la alfabetización se encontraba en pleno proceso de expansión.

En el siglo XX tres revoluciones tecnológicas cambiaron el panorama: la radio, la televisión e Internet. Cada una de ellas ha contribuido a su manera a cumplir poco a poco el sueño de un saber común. Otra circunstancia favorable en este proceso fue la asunción de una lengua común, el inglés. El conocimiento común requiere una lengua común necesariamente.

Todas estas condiciones han facilitado el avance de la democratización del saber. Las universidades abiertas y a distancia también están contribuyendo. La formación en línea ha fomentado la aparición de un nuevo fenómeno llamado “ciencia ciudadana”. Se trata de un intento de aprovechar el entusiasmo de los aficionados a las disciplinas científicas para que colaboren desinteresadamente en la recopilación de datos empíricos a través de Internet.

En cuanto a las enciclopedias actuales hay que decir que han quedado totalmente obsoletas. El nuevo proyecto es la Wikipedia, la enciclopedia libre. Los libros electrónicos están contribuyendo también a transformar la investigación, especialmente en el campo de las humanidades. No todos estos proyectos tienen afán de lucro. Muchos autores están cediendo voluntariamente sus derechos de autor, contribuyendo de esta esta forma a la democratización del conocimiento.

En el ámbito político prima la transparencia y el acceso libre a la información. Esta tendencia no ha venido de la mano de los gobiernos sino de periodistas, colectivos profesionales y ciudadanos. Por otra parte, en los últimos años ha empezado a extenderse la divulgación de secretos. La idea de que los secretos deben ser públicos empieza a consolidarse. De esta forma, poco a poco, el saber es cada vez más común y menos privado.

Sin embargo no hay que caer en el triunfalismo, la fuerza contraria a la difusión del saber sigue viva. En la actualidad existen tres factores que amenazan el proceso de democratización del saber: la especialización intelectual, la censura gubernamental y la propiedad del conocimiento.

Especialización intelectual. Hoy en día sabemos más que nunca, pero es difícil tener una visión en común. El saber humanístico y el científico se distancian progresivamente, aumentan los especialistas y, a su vez, las dificultades para comunicar y compartir conocimiento. Vivimos en una época de explosión informativa pero también de fragmentación del saber.

Censura gubernamental. La segunda amenaza proviene de los diferentes regímenes políticos. Todos los gobiernos tienden en mayor o menor medida a la censura y a la restricción del saber. Generalmente se muestran reacios a la difusión de la información y algunos de ellos  utilizan métodos poco democráticos para conseguir sus fines.

Propiedad del conocimiento. La tercera amenaza del saber común proviene de la tendencia a la privatización del conocimiento. Las grandes empresas multinacionales privatizan el saber mediante el uso de patentes y derechos de autor. En la actualidad algunas de ellas intentan patentar el uso de determinadas plantas medicinales, especies vegetales y animales a través de una práctica denominada “biopiratería”.

¿Qué hacer ante tal situación? Burke considera que las dos fuerzas que mueven la historia social del conocimiento no representan el bien y el mal, esto sería un reduccionismo innecesario e insuficiente. ¿Qué ocurriría si todos los saberes fueran comunes? Para Burke el secretismo cumple ciertas funciones en el campo de la política, la diplomacia y la privacidad personal, una conquista social que bien merece ser respetada. Burke concluyó su conferencia compartiendo con los asistentes preguntas e incógnitas propias nuestro tiempo. Fue el mejor final posible.

*Peter Burke, catedrático emérito de Historia cultural de la Universidad de Cambridge.

Enlaces:
En comú. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.
La gente sabe más sobre menos cosas, Peter Burke
Estem més a prop que mai de l'ideal de coneixement comú, Peter Burke
Vídeo de la conferencia "El saber".

28 de enero de 2013

Invictus

  Más allá de la noche que me cubre
  negra como el abismo insondable,
  doy gracias a los dioses que pudieran existir
  por mi alma invicta.
  En las azarosas garras de las circunstancias
  nunca me he lamentado ni he pestañeado.
  Sometido a los golpes del destino
  mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
  Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
  donde yace el Horror de la Sombra,
  la amenaza de los años
  me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
  No importa cuán estrecho sea el portal,
  cuán cargada de castigos la sentencia,
  soy el amo de mi destino:
  soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley (Long John Silver)